El valor de ser uno mismoLa verdad es que he pensado mucho si debía decir esto o si era mejor quedarme callada. Lo prudente sería callar, posiblemente. Pero mis amigos saben que nunca he sido buena para callar y además Neruda tenía razón al señalar que callar es una forma de estar ausente.

Y este no es el momento para estar ausente. No con el momento que pasa nuestro país, esta Patria maravillosa y única, que nos ha dado cosas tan buenas, aunque a veces nos neguemos a verlo o aceptarlo. En medio de la desesperanza, de la pérdida de rumbo, del legítimo clamor contra la injusticia y la desigualdad, esta Patria nuestra nos necesita más que nunca.

Necesita que en vez de callar, hablemos; nos atrevamos a ser nosotros mismos. Pero eso no es lo que estoy viendo entre muchas personas, sea entre los amigos, la gente que conozco o las redes sociales. He visto muchas veces algo muy triste: el temor a ser uno mismo y actuar de acuerdo con lo que dicen el corazón y la conciencia.

He visto que mucha gente va a votar solo para quitar a alguien, o para que no quede alguien. Un voto que en vez de aspirar a hacer lo mejor por el país, a escoger el mejor, se limita a ser en contra de, no a favor de nada. He visto mucha gente que me dice que Rodolfo es el mejor, pero que va a votar por este para que no quede aquel. Como si la vida y decisiones tan importantes fuesen un billar para jugar a la carambola.

Y cuando me dicen eso, solo puedo preguntarme a mi misma "¿que pasaría si nos atreviéramos a dejar el miedo a un lado?". ¿Qué sucedería si todos tuviéramos la valentía y la inteligencia de usar el voto de verdad, de usarlo para votar a favor, de usarlo para hacer posible el país que soñamos, de usarlo para recuperar la esperanza?

No sé, nadie sabe, cuál sería el resultado. Lo que si sé es que entonces tendríamos la satisfacción de saber que tuvimos el valor de ser nosotros mismos y eso… se siente bien.

También sé que es fácil caer en la tentación de descalificar lo que digo. Van a decir que hablo como una mujer enamorada. Sí, es verdad. Me declaro culpable: hablo como una mujer enamorada. Una mujer enamorada de su marido, pero también profundamente enamorada de su Patria. Una mujer que conoce muy bien a Rodolfo Piza y que sabe que es un hombre preparado, comprometido, auténtico. Un hombre que dice lo que piensa y hace lo que dice. Un hombre que ha estado muchos años en la función pública y sigue teniendo que trabajar para pagar sus deudas porque es un hombre honrado, un hombre que no roba.

Precisamente por eso me decidí a hablar. Porque conozco bien a Rodolfo Piza, porque conozco sus sueños y su compromiso, les puedo garantizar que Rodolfo Piza es digno de recibir el apoyo de los costarricenses, es digno de su voto. Y que quienes lo respaldan jamás se arrepentirán de haberle dado su confianza, de haberse atrevido a pensar por sí mismos, de haber seguido su conciencia y de hacer lo que está en su corazón votar por el mejor Presidente que puede tener nuestro país en esta hora crítica.

Para nosotros, para su familia, este no es un paso sencillo. No es fácil tener a un esposo bueno, a un padre amoroso y aceptar que las actividades políticas le dejen muy poco espacio para la vida familiar. Es duro, pero lo aceptamos de buen grado, porque sabemos que es lo mejor para Costa Rica.

Por eso, la respuesta a mis amigos siempre ha sido la misma: que se atrevan a ser ellos mismos. Que ante la urna sigan lo que dicta su cerebro y su corazón. Que voten por el mejor, que voten por Costa Rica.