La Constitución como guía

La Constitución, en verdad, es algo más que un código de normas jurídicas. Es también la expresión de un sistema de vida: de los valores y principios superiores de una sociedad. Allí inscribimos las conquistas permanentes que hemos ido logrando concertar como nación. Allí definimos los fines que pretendemos alcanzar como sociedad. Definimos a los poderes públicos y establecimos valladares a su acción y la dirección que queremos imprimirle a sus decisiones económicas, políticas y sociales. Tan importante como ello, es en la Constitución donde inscribimos los consensos sociales y políticos. Las acciones contingentes las dejamos a las leyes y decretos (lo que es propio de cada partido o grupo político y social). Los valores e instituciones permanentes los incorporamos a su texto.

Por eso, a la hora de plantear nuestro programa de gobierno y definir el papel que habrá de cumplir del Estado costarricense en un gobierno socialcristiano, conviene que fijemos la mirada en la Constitución. Allí descubriremos la vocación de nuestro sistema republicano y democrático. La libertad y los derechos fundamentales como objetivos de las instituciones públicas y como criterios con que hemos de juzgar las acciones estatales. Allí descubriremos también, la vocación social cristiana por las garantías sociales, laborales, familiares, de la salud, la educación, la seguridad social y la vivienda dignas, bajo principios cristianos de justicia social.

Las garantías individuales y las garantías sociales, los derechos a la vida desde la concepción, a la libertad en todas sus expresiones, a la igualdad y no discriminación, al Estado Social de Derecho, al debido proceso, a la propiedad privada; lo mismo que al compromiso con el derecho a la educación pública y la libertad de enseñanza y religiosa, con los derechos laborales y la protección de la familia, de los discapacitados, de los menores y de los adultos mayores; con la promoción de la producción y con una más justa distribución de la riqueza; con la protección del ambiente y de la seguridad social. La vocación social cristiana impresa en las garantías sociales, culturales y ambientales.

Desde esa perspectiva, el primer compromiso de gobierno consiste en colocar las cosas en su lugar. Rediseñando el papel del Estado en función de los objetivos y garantías constitucionales. Redefiniendo la frontera entre la autoridad y la libertad. Recobrando las funciones públicas tradicionales (seguridad ciudadana, justicia, obras públicas e infraestructura) y los servicios públicos y sociales que asignamos subsidiariamente al Estado (salud, educación, vivienda, apoyo social), para que de verdad lleguen a quienes más los necesitan.

Toda acción política supone la redefinición de sus contornos. Política es tener una idea clara de lo que se puede y se debe hacer desde el Estado en la sociedad costarricense de hoy. Nosotros, los socialcristianos, tenemos esa idea clara y tenemos el liderazgo, la experiencia, la visión, la convicción y la decisión para reconstruir nuestro país. Somos capaces de encontrar el equilibrio entre el futuro al que aspiramos y la historia a la que no tenemos derecho de renunciar. Todo cambio exitoso supone la conservación de algunas tradiciones y logros que convienen mantener, so pena de caer en el vacío y de saltarnos nuestra propia sombra. Nova et Vetera, como pedía Monseñor Sanabria, es el lema que guiará los procesos de reforma que impulsaremos en nuestro gobierno.

Me comprometo a ayudar a forjar la Costa Rica del futuro: un país de paz y seguridad, laborioso e innovador, con plena vigencia de los derechos humanos y de los deberes ciudadanos.

Rodolfo Piza

Este país espera retomar el camino costarricense.

Este país espera un Gobierno que sea capaz de unirnos sin exclusiones, sin barricadas, sin polarizar a la sociedad con experimentos de izquierda o de derecha radicales. Este país quiere un Gobierno que recupere la unidad nacional. No queremos más divisiones entre el sí y el no.

Conozca el Camino Costarricense