Introducción

Nuestro primer compromiso: recuperar el camino costarricense, el camino de libertad, igualdad y solidaridad. Liderar un cambio profundo, revolucionario, que destierre la inequidad y la corrupción; pero a partir de nuestros propios valores, de los valores socialcristianos.

Los costarricenses nos sentimos orgullosos de nuestra singularidad. No podemos competir con otras naciones en grandeza, ni en desarrollo económico todavía, pero podemos y debemos competir sin demérito en democracia, libertades, desarrollo social, felicidad y, sin duda alguna, también en singularidad.

Me dirán que todas las naciones son, a su manera, singulares, y convengo en que tendrán razón. Pero no nos negarán, al menos, que tenemos títulos de sobra para destacar la nuestra. En una región de la América Latina, donde la democracia y la libertad no fueron la constante, Costa Rica lo ha sido por muchos años. En una región donde la tolerancia y el desarrollo social y humano, no fueron ni han sido la constante histórica, Costa Rica logró un nivel aceptable de desarrollo humano, sobre todo a partir de las reformas sociales de inspiración social cristiana en los años 40 del siglo pasado. En una región donde la apertura económica ha sido excepción, nuestro país se abrió al mundo y ha competido razonablemente con calidad. En una región donde las discrepancias y las disputas de facciones han dado lugar a guerras fratricidas, Costa Rica se atrevió a abolir su ejército y a vivir sin él por los últimos 65 años.


Costa Rica es, pues, una sociedad singular. Pero está muy lejos de la sociedad ideal que describieron los filósofos antiguos, pues ninguno de ellos la imaginó verdaderamente democrática y libre y, por tanto, un poco diversa y discrepante como todas las sociedades que comparten esos valores. Costa Rica es una sociedad con múltiples problemas: con pocos analfabetas (4%) y muchos estudiantes universitarios (más del 2% de la población), pero con una escolaridad baja (más baja que la de 8 países de la América Latina) y una calidad educativa que deja mucho que desear (basta recordar nuestro bajo desempeño en las pruebas PISA). Con una de las más altas expectativas de vida de la América Latina y una baja mortalidad infantil, pero cuyos avances se han estancado en la última década permitiendo que otros países de la región nos superaran y donde subsisten problemas de salud que todavía recuerdan los de sociedades subdesarrolladas. Una sociedad democrática, pero un pueblo desencantado de sus instituciones y desesperado por la corrupción y la ineficiencia en el Gobierno. Una sociedad donde la equidad en la distribución de la riqueza ha venido deteriorándose en los últimos años, que sigue teniendo un 21% de su población viviendo en la pobreza y que enfrenta hoy un desempleo creciente (que supera el 10%). Un país que ha visto deteriorar su seguridad ciudadana y la seguridad jurídica. Un país que no ha sido capaz de recuperar los bríos y el entusiasmo para mejorar la calidad de vida y una integración mejor entre el desarrollo económico y el medio ambiente.

Una sociedad con una criminalidad que viene creciendo, no es una sociedad ideal. Una sociedad que aumenta los niveles de inequidad y de intolerancia hacia los demás, tampoco lo es. Una sociedad que se dice comprometida con la protección del medio ambiente, pero con importantes problemas de contaminación del aíre y de los cuencas hidrográficas, no tiene un verdadero compromiso. Una sociedad que puede confundir la tolerancia y la libertad con la dificultad para tomar decisiones o con una cierta ingobernabilidad, nos aleja de esa descripción. Una sociedad donde los cambios para insertarse en la sociedad internacional y en la globalización, aunque la colocan en posición preferente, siguen siendo difíciles. Una sociedad, en fin, que en lugar de avanzar ha retrocedido en los últimos años, está muy lejos de esa descripción imaginaria.

Hoy, más que nunca, debemos retomar el camino costarricense, el del respeto a los valores, principios y derechos constitucionales; el camino del Estado Social de Derecho, respetuoso de las libertades públicas y de la División de Poderes; el de una Economía Social de Mercado donde los emprendedores puedan producir, progresar y ser competitivos sin trabas ni cortapisas; pero en el marco del respeto a los derechos de los demás y al bien común; el de una sociedad solidaria donde se apoye a los agricultores y a la gente de nuestros campos y ciudades que viven en condiciones precarias o en la pobreza y que aspiran también, legítimamente, a un trabajo decente donde se respeten sus garantías laborales y el salario mínimo; su derecho a una vivienda digna, a servicios de salud y de educación mejores, a mejores caminos y acueductos, a acceder también a la cultura, a un ambiente sano y al reconocimiento y titularidad de sus bienes.

Me comprometo a ayudar a forjar la Costa Rica del futuro: un país de paz y seguridad, laborioso e innovador, con plena vigencia de los derechos humanos y de los deberes ciudadanos.

Rodolfo Piza

Este país espera retomar el camino costarricense.

Este país espera un Gobierno que sea capaz de unirnos sin exclusiones, sin barricadas, sin polarizar a la sociedad con experimentos de izquierda o de derecha radicales. Este país quiere un Gobierno que recupere la unidad nacional. No queremos más divisiones entre el sí y el no.

Conozca el Camino Costarricense