Hacia un futuro promisorio

Me complace presentar al electorado costarricense una serie de reflexiones sobre la orientación del programa de gobierno. Reflexiones que tienen su origen en los más valiosos preceptos socialcristianos. Consideramos que cada ser humano goza de una condición inherente de dignidad, en un medio social que ha de ser solidario. Por eso, el esfuerzo nacional deberá orientarse a mejorar el bienestar de toda la población, y en forma especial, superar la condición de pobreza de más de un millón de costarricenses. Se requieren, entonces, medidas para reactivar el aparato productivo e impulsar que, en forma solidaria, se realice una mejor distribución de la riqueza. Frente al Estado-Empresario y el estatismo de las corrientes de izquierda, En vez de un estado interventor que limita la inventiva, procuraremos un estado promotor y facilitador del desarrollo personal, social y empresarial, todo bajo criterios de libertad, equidad y justicia. Frente a un Estado debilitado en sus funciones públicas y servicios sociales de las corrientes de la derecha, propugnamos por un Estado comprometido con la equidad y con el apoyo decidido a favor de las personas y zonas territoriales más deprimidas social y económicamente.

Nos comprometemos con la búsqueda del mayor bienestar de todos los costarricenses, junto al estímulo a la producción y a un mejor reparto de la riqueza. Nuestro país, aunque pequeño geográficamente, debe pensar en grande para la consecución de los sueños legítimos de todos, especialmente de los que menos tienen.

Existen innumerables estudios de tipo diagnóstico, abundantes y no siempre necesarias consultorías o asesorías y los valiosos estudios de El Estado de la Nación, que reiteran las causas principales de nuestros males y que dan una voz de alerta sobre nuestras deficiencias.

Me comprometo ante ustedes a luchar por un gobierno eficiente, dinámico, solidario y exigente en el campo ético. A revitalizar la alicaída infraestructura pública, a no aumentar la burocracia innecesaria, a eliminar y simplificar trámites ante las entidades públicas, a buscar el equilibrio fiscal, controlando el crecimiento del gasto ordinario, mejorando la recaudación, combatiendo la evasión y eliminando exoneraciones indebidas, sin acudir a paquetes fiscales, pero promoviendo la discusión serena de propuestas concretas en estos temas, que nos permitan ajustes en las finanzas públicas y mejorar la recaudación, pero sin afectar el aparato productivo ni que se pueda restringir el empleo y la seguridad jurídicas.

La situación de la educación y los estándares básicos de salud avanzan, pero lo hacen a un ritmo lento; lo cual crea insatisfacción en el ciudadano, magnificado por la falta de solidaridad territorial: las poblaciones centrales tienen mayores beneficios que aquellas rurales y de la periferia. La inversión social, aunque considerable, no se gestiona adecuadamente, tiene altos niveles de intermediación burocrática y no llega muchas veces a quienes en verdad lo necesitan.



Mi experiencia en la CCSS, ha demostrado que pueden hacerse muchas realizaciones, con la voluntad necesaria y la planificación, debida. El derecho a la salud debe enfrentarse eliminando restricciones de acceso y ampliando la cobertura de los servicios de atención primaria, secundaria y de tercer nivel.

La educación y la capacitación para el trabajo, serán medios de combate al desempleo y a la pobreza. Serán también instrumento de ataque a la criminalidad y a la delincuencia en sus propios orígenes, a la par del compromiso con sancionar más fuertemente la violencia sobre las personas y la habitualidad criminales, y del compromiso paralelo para garantizar la dignidad humana de los privados de libertad. Si bien es cierto que la educación no es todo, no es menos cierto que es el comienzo de todo, sobre todo tomando en cuenta el concepto de las múltiples inteligencias, capacidades y habilidades de las personas, frecuentemente sin descubrir, por lo que debemos lograr colegios y escuelas con mayor identidad, permitiéndoles diferenciarse y destacarse, mientras se aumentan los niveles básicos de calidad y excelencia.

Es bueno reconocer que la oferta exportable es variada y muestra dinamismo, pero si el modelo es de producir valor agregado en vez de volumen, el recurso humano debe ser capacitado y en general ampliar la capacidad científica-tecnológica y técnica que son factores limitantes de nuestro desarrollo. Con esto se lograrán más y mejores empleos, base de la estabilidad familiar y social. En efecto, buena parte del desempleo se explica por la falta de capacitación para trabajos que requieren mayores niveles de formación, orientado también a la formación de emprendedores, más que simples empleados.

No es parte de la tradición costarricense, el incumplimiento de las garantías laborales y la falta de acceso de los jóvenes a los puestos de trabajo. Sin un dinámico sector productivo, se compromete la generación de riqueza y se debilita la inversión social, base de la democracia costarricense.

Me preocupa también el efecto perjudicial de la contaminación porque la huella ecológica ha superado la capacidad natural de regeneración, asunto que nos concierne a todos. Las áreas de conservación han sido un valioso logro, pero su sostenibilidad está en peligro por políticas equivocadas y porque sin acciones paralelas se convierten en islas ambientales sin contacto con su entorno ecológico y humano.

Suscribo todo lo que suscribí en el Informe de la llamada Comisión de Notables porque entiendo que una parte importante de nuestros problemas sociales, políticos y económicos, dependen del diseño institucional. Pero no basta con ello, hace falta liderazgo para acometer las reformas y enrumbar el Estado y la sociedad costarricenses. El liderazgo supone capacidad, visión, convicción y decisión que han faltado en los últimos años en la política costarricense.

A la luz de los valores y principios socialcristianos, me comprometo a ayudar a forjar la Costa Rica del futuro: un país de paz y seguridad, laborioso e innovador, con plena vigencia de los derechos humanos y de los deberes ciudadanos. Recuperar los valores de nuestra fe y el desarrollo económico con beneficio social, en armonía con la naturaleza. Nuestra propuesta tiende al logro de un futuro mucho mejor, con un país incorporado a la sociedad de la información y a la economía del conocimiento, para que sea una patria promisoria para todos.

La vuelta a los principios es la mejor manera de renovarnos. No mirando con nostalgia hacia pasado, sino recogiendo de él los principios que nos inspiren a realizar la revolución democrática que los costarricenses sueñan. Recuperando el camino costarricense de progreso y dignidad. Ese es nuestro compromiso.

Me comprometo a ayudar a forjar la Costa Rica del futuro: un país de paz y seguridad, laborioso e innovador, con plena vigencia de los derechos humanos y de los deberes ciudadanos.

Rodolfo Piza

Este país espera retomar el camino costarricense.

Este país espera un Gobierno que sea capaz de unirnos sin exclusiones, sin barricadas, sin polarizar a la sociedad con experimentos de izquierda o de derecha radicales. Este país quiere un Gobierno que recupere la unidad nacional. No queremos más divisiones entre el sí y el no.

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